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A 775 kilómetros del continente, que se recorren en dos horas de vuelo desde Bogotá, se encuentra este archipiélago paradisiaco. Desde el avión, la mezcla de colores en el mar Caribe, que en tierra jamás se puede percibir, te dejará boquiabierto.
Nadie, excepto los isleños se pueden quedar más de tres meses en la isla y si uno lo piensa bien es una buena medida. Así se protegen los ecosistemas, la fauna y la flora, y se vigila que no haya sobrepoblación. Con una extensión de apenas 52 kilómetros cuadrados en total, San Andrés, Providencia y Santa Catalina no podrían acoger a todo el que quede prendado de su encanto.
El mar manda en toda la isla. No solo en las imponentes imágenes que recrean el ojo, ni en sus atardeceres rosados ni en sus amaneceres color turquesa. También en la gastronomía que ofrece cangrejos, langostas, chipirones, mejillones, langostinos y el más típico de todos: el pescado rondón, un filete de pescado que lo acompañan con yuca, ñame, plátano, domplín (tortas de harina) y que se cocina con leche de coco.